La crisis mundial del agua - GenÉthico
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crisis del agua

La crisis mundial del agua

Abrimos el grifo y sale agua. Se nos olvida el reto histórico que ha supuesto conseguir esto a través de múltiples sistemas como los acueductos en la época romana y lo valioso que es este recurso aunque a veces sea tan poco apreciado.

El agua es necesaria para TODOS, para el planeta, para los animales y para los seres humanos. Pero es necesaria un agua libre de impurezas y accesible. Hoy día, 7 de cada 10 personas pueden contar con agua potable en sus hogares o eso creemos. Sudáfrica ya sufrió un corte de agua en 2018 debido a un gran sequía que obligó a toda la población a racionalizarla. Ciudades como Sao Paulo, Pekín, Tokio, Londres o Barcelona, entre muchas otras, también se enfrentarán a este día cero en las próximas décadas si seguimos este camino. 

Según datos de la ONU, para “2050 se espera que al menos un 25% de la población mundial viva en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce.  Lo que está claro es que es un problema que nos atañe a todos.

Crisis hídrica

Hay que entender que la crisis mundial del agua se mide tanto por el problema que supone a nivel de cantidad como en referencia a la calidad.   

Actualmente, se considera que el 97% de agua que hay en la Tierra es salada y, por tanto, no es potable ni sirve para otros usos como los cultivos  agrícolas. Del 3% restante, el 2% corresponde a agua dulce congelada en los polos y sólo un 1% es agua dulce apta para consumo. Sin embargo, se añade una dificultad, y es que de ese 1%, la gran mayoría es de difícil acceso suponiendo otro gran reto.

Al mismo tiempo, cabe destacar que los acuíferos que se hallan bajo tierra y de los que disponemos a nuestro gusto, han tardado miles de años en llenarse. Por tanto, hacer un uso constante e indiscriminado de este recurso supone que vaciemos estos acuíferos sin darles margen de recuperación.

Tal y como se comenta en el episodio “La crisis mundial del agua” de la serie de documentales “En pocas palabras”, en este último siglo el consumo de agua se ha multiplicado por 7. A este aumento hay que añadirle las consecuencias de una crisis climática que no nos permite apoyarnos en el recurso que suponen las lluvias y nevadas que, en los último años, se han visto reducidas e inestables. 

Qué uso hacemos del agua

Se estima que el ser humano ingiere de media unos 3,7 litros de agua cada día, a lo que añadimos otro tanto para cepillarnos los dientes y lavarnos las manos… Cocinar, ducharnos, todo va sumando. No obstante, pese a este dato y al número de personas que somos actualmente en el planeta, este consumo tan sólo supone el 8% del 1% de agua dulce que empleamos.

¿En qué empleamos el resto del 1%? En agricultura (70%) e industria (22%).

Debemos tener en cuenta que no sólo es el agua que consumimos en su forma más pura, sino la cantidad que requieren otros productos para ser producidos.

datos-huella-hidrica

Cada vez consumimos más y de forma indiscriminada. Respecto a la dieta, pese a que el vegetarianismo y el veganismo estén al alza, la mayor parte de la población apuesta cada vez más en una alimentación basada en una mayor ingesta de proteína. Seguir esta dieta alimentaria es insostenible en el largo plazo pues supondrá no tener suficientes recursos (agua y, por tanto, alimentos) para abastecer a toda la población. Por ello, es importante ser conscientes que la huella hídrica (HH) de lo que consumimos va más allá del agua en su estado más puro. Incluso una botella de 50cl de agua supone en realidad una HH de 3 litros.

Qué repercusión tiene una crisis hídrica

Las consecuencias de una crisis mundial del agua son muchas y muy variadas. Tiene un impacto directo en:

  • Abastecimiento de agua potable . El ser humano no puede sobrevivir más de 72 horas sin agua. Se trata de un líquido primordial para la supervivencia. Actualmente, según datos de la ONU, la escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial, una cifra que se prevé que incremente en los próximos años. Para 2050 la población superará los 9.500 millones de personas, lo que supone que, al menos, 3.800 millones de seres humanos sufran la escasez de agua.
  • La seguridad alimentaria.. El cultivo, la producción o el cocinado de los alimentos suponen una implicación directa del agua. No tener acceso a agua saneada puede acarrear grandes problemas de salud en las personas o incluso la muerte. 
  • Conflictos violentos. Tanto las guerras en el norte de Nigeria, Darfur (Sudán) como la guerra civil de Siria, parecen haber empezado a consecuencia de la crisis hídrica a la que se enfrentan y que llegará a la mayor parte de la población mundial. Según la OCHA, el agua está en el top 10 de desencadenantes de conflictos. En 2017, “el agua tuvo un rol primordial en conflictos en al menos 45 países”. La falta de agua provoca tensiones en las poblaciones, migraciones numerosas, desertizaciones que afectan al cultivo y, por tanto, a la producción de alimentos… 
Desigualdades

Las crisis suelen afectar más a los países empobrecidos. Son las primeras poblaciones en sufrir los efectos: conflictos, enfermedades, hambruna, … Manteniendo un desequilibrio existente desde tiempo atrás e, incluso, acentuándose en muchas ocasiones. Volviendo a una de las primeras ideas que comentábamos, lo ideal sería valorar más el agua y lo esencial que es para la supervivencia del ser humano. Sin embargo, si capitalizamos un recurso, que fue reconocido en 2010 como derecho humano por la ONU, para “valorarlo” más, como siempre, los que saldrán perjudicados serán estos países. Esto supondría cobrar (más) por un elemento que debe ser accesible a todos. A su vez, se incrementaría el coste de alimentos, prendas de vestir y otros productos. Por tanto, es imperativo encontrar una forma de obligar a las personas y a las empresas a valorar más este recurso natural y hacerlo de una forma equitativa.

Según datos de iAgua, millones de personas deben andar 6 horas de media para recoger agua. En los países más empobrecidos, suelen ser mujeres y niñas las que suelen desplazarse kilómetros y kilómetros para conseguir agua potable. Esto hace que, según la ubicación y el género se perciban diferencias en las oportunidades, siendo las niñas las más vulnerables. Esto hace que suponga un mayor obstáculo para una niña que para un niño acceder a una educación. Asimismo, en el que caso de la población femenina adulta, las mujeres se ven enredadas en este tipo de actividad del cual depende su subsistencia y que las alejan de la oportunidad de lograr un trabajo y colaborar en la economía de la comunidad. 

El mayor problema de esta crisis del agua no es tanto la cantidad de este recurso tan preciado y necesario para la vida, sino la distribución que se hace y su calidad. Expertos comentan que las regiones que disponen de más recursos hídricos son las que suelen gestionar de forma menos eficiente el agua.

Ahora existen muchas plantas desalinizadoras, pero sigue sin ser suficiente para abastecer las necesidades de la población mundial. Si bien es cierto que es mejor que nada, este sistema no llega a producir ni el equivalente al 1% del que empleamos ahora. Esto provoca lo que se conoce bajo el concepto de estrés hídrico, es decir “cuando la demanda supera la cantidad de agua disponible durante un período de tiempo”. Actualmente, son 17 los países que se enfrentan a un estrés hídrico extremadamente alto. Y sobre todo, debemos quedarnos con una reflexión y es que el agua no se puede sustituir.

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