Consecuencias de una crisis según el género - GenÉthico
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Consecuencias de una crisis según el género

Si partimos de la premisa que frente a grandes catástrofes, conflictos y situaciones de vulnerabilidad, la mujer siempre está en una situación peor que sus compañeros hombres, la crisis sanitaria causada por el COVID 19 no iba a ser una excepción. Las consecuencias de una crisis según el género difieren y se reflejan en más casuísticas de las que tenemos en mente.

Veamos un caso práctico

Manuela, madre de dos niños de 9 y 12 años, separada hace 2 años. Había dedicado los primeros años de la vida de sus hijos a su crianza. Cuando el pequeño tenía 5 años intentó acceder al mercado laboral, pero no lo consiguió por lo que terminó realizando trabajos de cuidados y limpieza para particulares que a pesar de tener poder adquisitivo, nunca le hicieron contrato. A día de hoy, no tienen ninguna prestación por familia monoparental.

Ha llegado El Virus y Manuela vive al día. No tiene derecho a paro ya que en todos estos años no ha cotizado a pesar de trabajar. Tiene miedo a acudir a servicios sociales, podrían quitarle la custodia de los niños. Manuela y sus hijos solo pueden sobrevivir de la caridad de su madre de 85 años, su única familia, a la cual también debe cuidar, y de algunas ONGs.

El tele-trabajo, los ERTES o las pérdidas económicas de algunas empresas que Manuela escucha en las noticias con la luz apagada del salón, hacen que se imagine en esa situación con esperanza porque significaría que tenía trabajo legal, ayuda fiscal y social, en definitiva, que exista, porque Manuela, a ojos de muchos, NO EXISTE.

Cómo afecta la crisis sanitaria actual

La crisis sanitaria actual nos afecta a todos, sin distinción alguna. Sin embargo, hemos podido ver diferencias a nivel sanitario según la edad, afectando principalmente a los mayores de 65 años, o según poblaciones. China, Italia, España y Estados Unidos son los 4 países más afectados, seguidos por otros varios “países desarrollados”. Grandes ciudades, gran densidad de población…elementos clave para fomentar un nivel de contagio más rápido.

En cuestión de género, en uno de sus artículos, Acción contra el Hambre comentaba cómo la situación de pobreza, que ya sufrían personas en riesgo de exclusión social, se agrava cuando eres mujer. Éstas son quienes más sufren la inseguridad alimentaria, ganan menos que los hombres, son más vulnerables a la pobreza extrema y tienen menos posibilidades de acceder al mercado laboral. Todo esto se acentúa con la crisis del COVID19.

Riesgo sanitario

A nivel mundial, según datos de la ONU Mujeres, estas últimas representan un 70% de las personas que trabajan en el sector sanitario y en el social, posicionándose en primera línea de riesgo de contagio. 

Además, cabe mencionar que, al dirigir la mayor parte de la atención sanitaria a cubrir las necesidades para hacer frente al COVID19, disminuye la atención en el área de maternidad y, en caso de tener que llevar a los niños al médico por urgencia, serán, en la gran mayoría, ellas las que acudirán poniendo en riesgo su salud.

Economía y trabajo

Dentro de la economía formal, la mayoría de las personas que trabajan en los sectores de servicios son mujeres (viajes, turismo, restauración, etc.), es decir los primeros sectores que se vieron afectados por esta crisis sanitaria. Ocurre lo mismo con el sector de los cuidados en el que, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, dos tercios de los trabajadores del sector de los cuidados son mujeres.

Por otro lado, en la denominada economía informal o irregular, es decir realizando trabajos que carecen de condiciones óptimas para su desarrollo (ausencia de contrato, falta de seguro médico, ingresos no asegurados, etc.), la gran mayoría vuelven a ser mujeres que se ven ante la imposibilidad de acogerse a ningún tipo de ayuda económica y, por tanto, posicionándose en una situación de vulnerabilidad.

Además, son ellas quienes se encargan, en la mayoría de los casos, de las labores del hogar y del cuidado de niños y mayores. Esto les pone en una situación de debate entre el trabajo (si aún lo conservan), el cuidado de los hijos y mayores y el cuidado del hogar.

Esta situación es aún peor si nos encontramos frente a un hogar monoparental que, a nivel mundial, en el caso de las mujeres, supone el 84’3% de este tipo de hogares.

Violencia de género 

En contextos como la situación que estamos viviendo, en los que nos hallamos de forma obligada en cuarentena y aislados, la tensión crece y, por tanto, también lo hace el riesgo. Las mujeres que ya venían sufriendo abusos se encuentran en una posición de riesgo absoluta sin fáciles vías de escape. Sin embargo, no son las únicas pues las cifras muestran que desde el inicio del confinamiento, el número de casos de violencia doméstica está en aumento. Confinadas en unos m2, las 24 horas del día, con una persona violenta y, además, afectada por la tensión de la situación, sin facilidades para pedir ayuda (aprovechamos para recordar el número de teléfono de atención a las víctimas de género: 016)…una posición fatal para todas ellas. 

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