El lado oculto de las redes - GenÉthico
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lado oculto de las redes

El lado oculto de las redes

Las redes sociales forman parte de nuestro día a día. En ocasiones anteriores hemos hablado de la relevancia de las mismas en la comunicación de los valores de una empresa. Pero también existe un lado oculto. Fotos, vídeos, publicaciones, comentarios, likes… invaden internet y rigen nuestras vidas mucho más de lo que pensamos o de lo que somos conscientes.

Muchos creadores de estas redes sociales (Facebook, Instagram, LinkedIn, Pinterest…) pensaban formar parte de algo extraordinario y útil para la vida. Si bien es cierto que son herramientas y plataformas que cuentan con millones de usuarios, su uso podría estar comprometido.

¿Para que sirven las redes sociales?

Como bien comenta Tim Kendall (Facebook) en el documental “El dilema de las redes”,

Las redes sociales han tenido y tienen un impacto muy positivo en lo que respecta a reunir familias, hallar donantes, luchar por una causa, mantenernos conectados con los nuestros en la distancia… No obstante, este aspecto positivo nos distrae y aleja del lado oculto de las redes.

Según Tristan Harris (Google & Humane), las empresas tecnológicas y, particularmente, las redes sociales tienen tres objetivos principales:

  • El ratio de Engagement. Es decir, potenciar nuestro uso y mantenernos deslizando por las publicaciones;
  • El crecimiento. Es decir, lograr que volvamos a la aplicación de forma recurrente y fomentemos las interacciones con tantas personas como sean posibles.
  • El objetivo publicitario. Es decir, lograr tanto dinero como se pueda a través de la publicidad personalizada integrada en nuestro feed.

Es decir, ninguno de los impactos positivos que comentábamos antes son los objetivos de las redes sociales. Sino que son motivaciones que permiten a las plataformas lograr estos 3 objetivos.

¿Cómo nos afectan las redes sociales?

Como veníamos diciendo, las redes sociales, bien usadas, pueden tener un impacto muy positivo. No obstante, es cuando se abusa de ellas que aparecen problemas como: 

  • La salud mental. El abuso de las redes induce trastornos como el aislamiento, la inseguridad, el suicidio, la ansiedad o la depresión. Todos ellos son problemas que no podemos obviar y que deben ser tratados con seriedad. En el documental previamente mencionado se habla incluso de un síndrome conocido bajo el nombre de “Snapchat dysmorphia”. Este lleva a jóvenes a realizarse operaciones quirúrgicas que les permita lograr una apariencia  física similar a los filtros que se emplean en la red social en cuestión.
  • La salud física. Migrañas, pérdidas de visión, mareos, … son algunos de los trastornos físicos que sufrimos de forma más directa. Sin embargo, no son los únicos. En este área también podemos hablar de mala alimentación, sobrepeso y atrofias debido al sedentarismo.

 

Más allá de la forma en la que nos puede afectar a nivel individual, las redes sociales también suponen una amenaza mundial. Un ejemplo claro son las fake news. En Twitter, una fake new llega a propagarse hasta 6 veces más rápido que las noticias reales. En numerosas ocasiones también hacemos frente a mensajes de la vida real, sin filtros, pero que nos llegan sacados de contexto y esto es particularmente preocupante en los perfiles más vulnerables como lo pueden ser los menores de edad. De aquí, que se desaconseje que menores hagan uso de las redes, aunque muchas de ellas lo permitan y sin control alguno.

Por otro lado, las redes sociales también son una plataforma usada para la explotación sexual, la pederastia, el reclutamiento de jóvenes y adultos para grupos terroristas varios,… Ejemplos y más ejemplos del lado oculto de las redes o, al menos, el más olvidado.

No obstante, ¿reside realmente aquí el problema?

Por muy feo que suene todo lo mencionado previamente, eso es lo de menos. Según Tristan Harris (Google & Humane), a la pregunta “¿Cuál es el problema con la tecnología?” una gran mayoría de personas responden el robo de datos, la venta de los mismos, incluso las fake news. Sin embargo, éste nos pone en alerta y menciona que el problema real reside en un nivel mucho más profundo.

Aquí es donde podemos hablar de la ética en las redes sociales. Éstas fueron creadas con el objetivo de resultar adictivas y mantenernos pegados al dispositivo móvil. Cada elemento está analizado al milímetro: colores, formato, iconos, tipografía, notificaciones… Su sistema genera respuestas rápidas, proporciona recompensas inmediatas y promueve un gran nivel de interactividad con gente de nuestro entorno e, incluso, desconocidos. De hecho, estas plataformas son tan adictivas que incluso algunos de sus propios creadores han caído en ellas.

La percepción que tenemos es que a través de ellas reafirmamos nuestra identidad, estamos conectados a nuestros amigos o podemos entretenernos durante horas y horas con contenido audiovisual. 

Joe Toscano habla del fenómeno conocido en psicología como “refuerzo positivo intermitente” para hacer referencia a ese momento en el que refrescamos constantemente una plataforma con el objetivo de ver que aparece contenido nuevo. Se crea una necesidad insaciable que podría compararse con el funcionamiento de las máquinas tragaperras en el casino, como bien describe Tristan Harris.

Pero, ¿alguien ha planteado que sea al revés? ¿Que las redes no sean adictivas? ¿De quién es la responsabilidad moral? ¿Cuando se crearon, se pensó en el componente ético? Estamos hablando de que todos los profesionales que se hallan detrás de las redes sociales tienen el poder de influir de forma directa e indirecta en el comportamiento de miles de millones de personas.

Por tanto, la ética en las redes sociales tiene un rol muy importante. Es esencial determinar dónde están los límites, tanto por parte de los creadores, como de las agencias publicitarias y de los propios usuarios.

¿Por qué este interés en mantenernos pegados a la pantalla?

Una única respuesta clara y sencilla: SOMOS EL PRODUCTO.

Jaron Lanier comenta en el documental que las redes sociales son las compañías más rentables a nivel mundial. En efecto, son un elemento que empleamos a diario, sin pensar y de forma gratuita.

No obstante, si las aplicaciones móviles son gratuitas es porque somos el producto vendido a grandes compañías que buscan crear campañas de publicidad personalizas que impacten de forma directa y efectiva a los usuarios, como bien dice Roger Mc Namee (Facebook).

En efecto, ¿qué nos proponen la mayoría de apps gratuitas? Nos dan entretenimiento y contenido a cambio de entregarles en bandeja nuestro comportamiento, nuestros gustos, nuestro estilo de vida. Estas grandes agencias publicitarias pagan porque las aplicaciones nos oferten productos y servicios acordes a nuestras necesidades, preocupaciones o ilusiones, convirtiéndose ellas en consumidoras y a nosotros en el producto como bien menciona Aza Raskin. Y todo lo logran con nuestro pleno consentimiento a través de un clic en la casilla de “He leído y acepto la política de privacidad“. No obstante, ese pleno consentimiento no significa por ende pleno conocimiento. 

Esta es, por tanto, la forma en la que logran monetizar una aplicación y sacar rentabilidad de ella. 

Cuando usamos las redes recordemos que…

Jess Seibert (Twitter) comenta que debemos saber que cualquier movimiento o uso de nuestros dispositivos móviles está siendo analizado al detalle, monitorizado y grabado hasta el punto de saber cuánto tiempo paramos en cada imagen o publicación, nuestras interacciones o los hashtags que más nos interesan.

Existen complejos sistemas tras las redes sociales que recaudan toda la información obtenida a través de nuestro uso de las mismas y van definiendo un perfil de nuestra personalidad. De esta forma, se garantiza la eficacia de la publicidad para las agencias publicitarias. El problema de estos sistemas, según Sandy Paraklas (Facebook y Uber), es que tienen una mínima supervisión humana y van estableciendo predicciones cada vez más concretas y detalladas de que aquello queramos a hacer o no y de quiénes somos.

Las redes sociales tienen, por tanto, la capacidad de jugar con nuestra mente. Sin ser conscientes estamos dando libertad, a un tercer actor desconocido, para que manipule nuestra interacción con personas de nuestro entorno como puede ocurrir, por ejemplo, a través de las sugerencias de vídeos, de fotos o de perfiles nuevos. Si bien creemos que somos los que establecemos las reglas, no es así.

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