Liderazgo del futuro - GenÉthico
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Liderazgo del futuro

El liderazgo del futuro pasa por la implicación del trabajador, la escucha activa, la empatía y el trabajo en equipo. Con la pandemia, grandes inquietudes que ya teníamos como el mercado de trabajo, la gestión del talento o los líderes del futuro, se han agudizado. En poco tiempo hemos visto cómo las empresas que tenían una asignatura pendiente con la digitalización, la gestión eficaz de los proyectos o la felicidad de sus trabajadores, han sufrido y sufrirán durante más tiempo las consecuencias de la crisis actual.

Las empresas que mejor están resistiendo la situación son aquellas cuyos trabajadores se sienten parte del proyecto, de la comunidad que supone la compañía y cuyos valores están alineados con los de la empresa.

Gran parte de los que hasta ahora eran considerado líderes, ya no lo son. Han pasado a ser los responsables, los jefes, que dista mucho de ser un líder.

Estos acontecimientos ya se iban sucediendo, pero la pandemia los ha enfatizado y concentrado en un periodo de tiempo muy corto. Sacando a la luz del sol todas aquellas manchas que los alógenos de la oficina no permitían ver.

Necesidades

Si establecemos un contexto, podemos ver que la gran mayoría de las empresas están ancladas en el pasado. Aunque su actividad tenga que ver con elementos muy actuales, las estructuras y el funcionamiento sigue siendo piramidal. Trabajadores al uso, responsables de proyectos, responsables de departamentos, jefe de sección, dirección general, consejo asesor…Esto quizás nos funcionaba cuando nuestro trabajo era más manual y requeríamos de una visión desde fuera que dibujara el camino a recorrer, pero ya no.

Actualmente, gran parte de los trabajos dependen más del desarrollo cognitivo, de estrategias que implican a muchas personas y que, a su vez, van dirigidas a una audiencia muy amplia.

Sabemos que existen infinidad de herramientas digitales que pueden establecer conductas de los usuarios a través de la información que ellos mismos dejan en la famosa nube. Sin embargo, la neurociencia ya ha confirmado hace mucho tiempo que las decisiones que tomamos tienen muchos más componentes emocionales que racionales.

¿Qué nos hace pensar que una sola persona -que dirige y dicta las normas- con muchas herramientas tecnológicas puede entender las costumbres, gustos o sentimientos de una comunidad? Para entender a una persona debemos ponernos en sus zapatos y aún usando el mismo calzado, dos personas dejan una huella diferente. Si esto lo extrapolamos al mundo empresarial, hoy día su objetivo principal es llegar a la audiencia y vender, infinitamente. No obstante, cuanto más diverso sea y más comunicación haya dentro de un equipo, mayor y, sobre todo, mejor será la audiencia. Hablamos de establecer una perspectiva más amplia y mejorar el entendimiento de ésta y, así, lograr un rendimiento mayor.

Tristemente, hoy día, raras son las compañías que tienen en su ADN un propósito más allá de la venta, capaces de reducir sus márgenes e incluso invertir parte de ellos en mejorar el entorno. Sin embargo, las empresas que en el futuro apuesten por la diversidad serán las más resilientes y, por tanto, sabrán hacer frente a los cambios, y se avecinan muchos.

Cuestión de futuro

Dicen que si quieres que te guste el futuro no esperes a que llegue, sino que lo crees. Las evidencias e investigaciones dejan de manifiesto que la hiper-conectividad será un hecho más pronto que tarde. El internet de las cosas, el machine learning y la ampliación de población que tendrá acceso a internet, harán que estemos fácilmente conectados. Y ello, con cualquier persona, empresa o entidad pública desde cualquier parte del mundo. Sin embargo, serán más importantes que nunca las experiencias face to face, la vuelta al origen, a lo natural y emocional.

Los humanos hemos convertido la globalización en desnaturalización y eso tiene que cambiar.

En esencia somos seres sociales, dependemos físicamente unos de otros. Necesitamos la cercanía del contacto físico tanto para celebrar nuestros logros como para superar nuestras caídas. El talento del futuro tiene mucho más que ver con la capacidad de aprendizaje constante y con la inteligencia emocional, que con cualquier conocimiento técnico.

Una herramienta tecnológica puede programar y publicar por ti contenidos, enviar emails e incluso llevar a cabo gran parte del servicio de atención al cliente de una compañía. Por el contrario, ningún algoritmo puede darte un abrazo y tener una conversación de esas que te cambian la vida. A la mayoría de los problemas que tenemos actualmente, les falta una conversación. Una conversación sincera, abierta, donde todos tengan espacio para expresar sus ideas y sentimientos sin sentirse juzgados. Dónde se valore más la suma de conocimiento que el ego.

Las personas que sepan entender y aplicar esta inteligencia emocional podrán llegar a ser grandes líderesPodrán crear empresas sin jerarquías pero ordenadas, donde todos los miembros del equipo se sientan parte del proyecto, lo hagan suyo y puedan alinear sus valores con los de la compañía e incluso, mejorarla.

Compromiso real

Las empresas deben ofrecer servicios o productos que ayuden a las personas en su día a día y además comprometerse con la sociedad y el planeta. El activismo de los líderes de las compañías es y será clave.

No queremos marcas con spots muy trabajados donde hablen de la lucha contra la desigualdad de género y luego no tengan a ninguna mujer directiva en su consejo asesor. No queremos ver cómo ponen “recíclame” en el tapón de la botella de plástico del refresco, pasando así la pelota al consumidor, haciendo ver que esto es una gran acción de sostenibilidad ya que has quitado tu marca del tapón de la botella. Lo que tienen que eliminar son las botellas, no cambiar el tapón. Debemos ir ya a lo concreto, al compromiso real.

Todas aquellas personas que liderarán el cambio serán aquellas que promuevan su activismo, sus valores, SIEMPRE, sin tener en cuenta si les conviene o no comercialmente hablando.

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