¿Qué o quién determina el valor del tiempo? - GenÉthico
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¿Qué o quién determina el valor del tiempo?

Mi tiempo vale más que tu agenda“. “Mi tiempo tiene el mismo valor que el tuyo“.

¿Por qué otorgamos un valor diferente al tiempo de una persona en función del papel que ésta ocupa? ¿Por qué cuando somos el cliente pensamos que nuestro tiempo está por encima de la persona que nos va a dar el servicio o producto? ¿El tiempo de las personas se mide en función del estatus social o profesional de las mismas? ¿Por qué nos cuesta tanto planificar y cumplir con los plazos?  ¿Es una cuestión cultural o personal?

¿El valor que atribuimos al tiempo depende de nuestra cultura, de nuestra personalidad?

Nos han hecho creer que las culturas latinas son más informales que las nórdicas. Sin embargo, creemos que son muchos los que se escudan en estas teorías por su propia comodidad.

Si sabes que algo está mal y lo sigues haciendo, la única responsabilidad es tuya. Quizás nos hemos acostumbrado a que sean otros los que muevan cielo y tierra para llegar a los objetivos y plazos marcados mientras la otra parte hace y deshace el calendario a su interés.

A todos nos pueden surgir imprevistos, pero casualmente son siempre los mismos los que llegan tarde o cambian los planes a última hora…¿verdad?

Es curioso cómo determinamos el tiempo. Siempre parece que no tenemos suficiente tiempo para hacer todas las cosas que tenemos que hacer, no queremos perder el tiempo de cualquier forma, sin embargo nos autoimponemos necesidades que realmente nos quitan más cosas de las que nos aportan.

Perdurar en el tiempo

A lo largo de la historia, son miles las personas que han creído que para que su vida tenga sentido era suficiente asegurar que su relato personal fuera más allá de la muerte. Lo increíble es que eso no convierte su vida en más significativa, sino que sólo la alarga en el tiempo. Quizás es esa sensación de que “aún tenemos tiempo” o “siempre tenemos tiempo” la que hace casi imposible valorar el momento actual. Como dirían los yoguis, “el aquí y el ahora”.

La vida pasa a un ritmo frenético, se nos gasta con una cruda obsolescencia programada y no podemos comprar vidas a través de grandes plataformas digitales ni en el supermercado. Es curioso que en todos los juegos de animación, lo primero que se planteó es la opción de comprar vidas para el personaje. ¿Acaso daban ya por hecho que la íbamos a malgastar incluso en un videojuego?

En la vida real no podemos hacerlo y sin embargo desperdiciamos nuestros días con personas que no valoran nuestro tiempo, con personas que no emplean su tiempo en hacer algo por el bien común, con rutinas que nos desgastan y con trabajos que nos consumen, pensando que “siempre tendremos tiempo” y no es así.

Parémonos a pensar un momento el día que terminamos el colegio, los nombres de nuestros compañeros de clase, cuando entramos en la universidad, el primer viaje con los amigos, cuando fuimos a adoptar a nuestra mascota o cuando nació nuestro hijo/a. Estamos seguras que los recordáis con absoluta claridad, como si fuera ayer…y echando la vista atrás, ¿cuántos años han pasado? ¿Qué pensaba tu “yo” de 20 años que estarías haciendo con 30, con 40?¿Es lo que estás haciendo ahora? Si es así, felicidades!! Si no lo es, recuerda, la vida se te escapa.

La vida se nos escapa como aquel que intenta retener agua entre sus manos. Cree apretar con suficiente fuerza como para que solo se escapen unas gotas, pero la verdad es que cuando quiere beber, apenas le queda un sorbo.

Una vida

Solo tienes una vida, no cometas el error de vivir los sueños de otro ni desperdiciar tu tiempo con objetos o personas que no se quedarán en tu recuerdo. Si aún dudas qué es lo que realmente importa o te hace feliz, intenta hacer memoria. Todos hemos pasado momentos duros tanto de índole emocional como de salud, ¿qué necesitabas en esos momentos? ¿Qué echabas en falta?

Podríamos apostar que no sería una casa o un coche lujoso, ni el último modelo de smartphone, ni diamantes, ni el último grito en moda. Probablemente necesitabas la ayuda o el apoyo de personas: médicos, enfermeros, psicólogos, amigos o familia.

Recuerda eso en tu día a día para darle sentido a tu vida. Uno siempre vive más feliz cuando sabe que contribuye a hacer felices a otros y no cuando pasa inerte ante el sufrimiento de cualquier ser vivo.

En la actualidad hay muchas cosas que están cambiando, pero el crecimiento y la prosperidad de los países sigue midiéndose con parámetros que nada tienen que ver con la felicidad de las personas. 

La mayoría de los relatos se mantienen cohesionados por el peso de su techo más que por la solidez de sus cimientos”.

Yuval Noah Harari.

¿Qué impide el cambio?

Las objeciones para cambiar la mayoría de las cosas parten más bien de los retos que tenemos que afrontar por todo el peso que se encuentra sobre “lo establecido” que por el hecho de que ese establecimiento se haya creado sobre unos falsos cimientos.

Es más fácil eludir nuestras responsabilidades aludiendo a la dificultad de cambiarlo todo que asumir que nuestro sistema se ha fundamentado sin sentido alguno. Eso nos deja en una posición ridícula y a nadie nos gusta reconocer que hemos sido incrédulos, ridículos, e incluso, dañinos ¿verdad?

Pues bien, empecemos a asumirlo. Debemos transformarnos, poner en valor cada minuto de nuestro tiempo, crear momentos de calidad y de valor por la comunidad. Incluso lo que se entiende por éxito, a día de hoy, no tendría valor sin poder compartirlo. ¿De qué sirve ser el mejor en algo si nadie te conoce? ¿De qué sirve tener mucho dinero si en una habitación rodeado de gente, realmente estás solo? ¿Estamos seguros de que ponemos el foco en lo que de verdad significa tener una vida con sentido?

No tenemos más tiempo para justificarnos, es tiempo de aceptar y reaccionar.