Satélites: la mercantilización del cielo - GenÉthico
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Satélites: la mercantilización del cielo

¿Quién no ha oído hablar de los creadores de Tesla o Amazon? Es evidente que tanto Elon Musk como Jeff Bezos han generado empresas muy exitosas que además de otorgarles riqueza, son milmillonarios, les han generado poder.

Uno ha hecho de la rapidez del envío su elemento clave, transformando toda la cadena logística para garantizar los cortísimos plazos de recepción de las compras efectuadas por los clientes a través de su plataforma. Otro, fue pionero en la creación de vehículos 100% eléctricos y con mucha autonomía, la cual no se superó por otros fabricantes hasta muchos años después de la creación del primer Tesla.

Los años pasan, la capacidad económica crece y la necesidad de crear, también. Para ambos empresarios la innovación constante, no siempre bien entendida, parece ser su guía.

Cifras

Elon Musk con su empresa SpaceX y el proyecto Starlink, van a llenar el espacio de satélites que no tienen en cuenta el daño que pueden provocar a la ciencia. El proyecto contiene 12.000 elementos que estarán alrededor del planeta.  Todo ello bajo la premisa de dotar de internet de alta calidad a todo el mundo.

Actualmente se encuentran unos 18.000 objetos orbitando la Tierra, de los cuales 2.000 son satélites operativos y los otros 16.000 son basura espacial.

Por el momento, Elon envió 540 satélites y Jeff Bezos comunicó que enviarían 3.000 con el mismo fin, explotar el cielo comercialmente.

A este ritmo, dentro de 10 años veremos en el cielo más satélites que estrellas.

Como siempre decimos desde GenÉthico, la mayoría de las veces el problema no está en el qué sino en el cómo.

Los Satélites de Elon Musk, Jeff Bezos y otros gigantes..
¿Debemos poner límites a la innovación, a la creatividad?

El papel lo aguanta todo. Cuántas veces habremos oído esta frase. Es cierto que no podemos ni debemos limitar la creatividad de las personas, pero la innovación debe tener un objetivo muy claro: mejorar la calidad de vida de las personas presentes y futuras, sin poner en riesgo al planeta, que al fin y al cabo, es el que verdaderamente nos permite vivir.

Proporcionar acceso a internet a toda la población no solo puede reducir el número de menores que no tienen acceso a una educación de calidad, también puede hacer llegar servicios médicos a lugares que no lo tienen y otorgar oportunidades laborales a miles de personas. Sin embargo, el cómo hacemos eso marca la diferencia. Formar parte de la solución de algunos problemas identificados en los ODS para generar otros muchos nuevos no tiene sentido.

Solventar la brecha digital que viven millones de personas no puede ser una acción individual de una empresa que comercialice con ello bajo la única aprobación de un organismo que no piensa globalmente.

Estas compañías solo han tenido que pedir permiso a la Agencia Estadounidense de Comunicaciones que no tiene en cuenta intereses científicos o de protección del espacio, que es de todos.

El concepto de Vacío Cósmico

Se trata de una sección en la que representamos nuestro conocimiento del universo tanto cuantitativa como cualitativamente. En ella pretendemos explicar la relevancia de entender el cosmos desde un punto científico, pero también social, filosófico y económico.

El universo es y está vacío en su mayor parte, con menos de 1 átomo por metro cúbico. Sin embargo, en nuestro entorno hay quintillones de átomos por metro cúbico. Ello nos invita a reflexionar sobre nuestra existencia además de la presencia de vida en el universo.

La cantidad de satélites que se pretende enviar a la órbita espacial, sumado a la basura espacial que ya hay, junto con el resto de satélites, no solo provocará que se rompa nuestra estética celestial sino que perjudica la observación astronómica. Así lo ha hecho saber la SEA (Sociedad Española de Astronomía) hace unas tres semanas en un trabajo realizado por científicos donde analizan los riesgos de estas constelaciones de satélites.

Fotos como la de Daniel López, el astrofotógrafo español cuyas imágenes han sido seleccionadas por la NASA y han dado la vuelta al mundo, ponen de manifiesto dichos impactos. En la siguiente foto, que ha tenido bastante repercusión, intentaba inmortalizar el cometa Neowise desde Tenerife cuando muchos de los satélites de SpaceX se cruzaron delante formando decenas de arañazos luminosos en la imagen.

850Cometa Neowise y satélites de SpaceX (Tenerife). Daniel López.
La mercantilización del cielo y su impacto en la ciencia

El impacto para la astronomía es prácticamente el principio del fin de la noche. Mercantilizan el cielo y por ello lo perderemos” comenta el premio Nobel de Física, Didier Queloz.

Uno de los problemas es que cuando los satélites reflejan y atrapan la luz solar se convierten en espejitos, a distintas alturas, que se van desplazando e interfieren en la observación del cielo.

Por no hablar de las posibles colisiones. La ESA (Agencia Espacial Europea) y SpaceX tuvieron el año pasado un enfrentamiento ya que, por primera vez en su historia, la ESA tuvo que realizar una maniobra para evitar una colisión. Uno de los satélites de Musk estuvo a punto de colisionar con el satélite de observación científica Aeolus.

Este hecho puso de nuevo encima de la mesa la necesidad de la ordenación del espacio y la ambición desmesurada y nada transparente de este tipo de compañías.

La importancia de los consensos

Los satélites de Elon Musk o Jeff Bezos son solo un ejemplo de la necesidad imperiosa que tenemos como sociedad de crear entornos en los que todos tengamos opinión. Todos los países tienen que poder determinar qué acciones se llevarán a cabo y cómo se harán, ante fenómenos que nos afectan a todos.

Necesitamos leyes internacionales que sean capaces de regular el espacio exterior.

Es cierto que estas compañías han anunciado su voluntad de colaboración y transparencia, aunque hasta ahora no lo han hecho. Es más, lo que se ha demostrado es que un grupo muy reducido de compañías privadas junto con un único gobierno y organismo tienen la capacidad de cambiar a golpe de “clic” el aspecto del cielo nocturno y la capacidad del estudio científico astronómico, para toda la humanidad. El bien supremo parece ser tener conexión a internet en zonas remotas.

Nuestra historia está directamente relacionada a la propiedad y utilidad tanto de explotación de bienes, beneficio económico y de reparto. De hecho, es aquí donde nacen infinidad de desigualdades que ya comentamos en otro artículo.

Para llegar a esos consensos tendríamos que ir al kit de la cuestión. Naciones Unidas reconoce 195 naciones con poder y derecho para determinar libremente su régimen político, desarrollo social, cultural, económico… Sin embargo, la gran mayoría de las decisiones no afectan únicamente al país que las toma, sino a todo el planeta.

Más allá del cielo

Las emisiones de CO2, la tala indiscriminada de la selva amazónica, el blanqueamiento de los arrecifes de coral, las explotaciones petrolíferas, los vertidos tóxicos, los conflictos bélicos y un largo etcétera, traspasan fronteras.

En todo el mundo nos echábamos las manos a la cabeza el 9 de Octubre del 2015 cuando el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, liderado entonces por José Manuel Soria, obligaba a los ciudadanos que consumían la electricidad renovable que ellos mismos producían, a pagar una cuantía para seguir pagando al sistema eléctrico tradicional.

Se decía entonces que ¿cómo se puede poner un impuesto al sol si éste no pertenece al gobierno español? ¿Por qué es diferente con el planeta Tierra o con el Espacio? ¿Acaso no estamos ante la misma premisa?

Es evidente que todos somos eco e interdependientes, es decir, necesitamos directamente para vivir, a nuestro planeta tierra. Sin oxígeno, sin agua, sin suelos fértiles, morimos.

Y también necesitamos a otras personas, no solo porque seamos seres sociales, sino porque necesitamos que nos cuiden durante muchas etapas de nuestra vida. No solo cuando somos niños o ancianos, sino también cuando estamos enfermos.

¿Por qué no pensamos globalmente entonces?

Ser propietario de una parcela de tierra te ha dado durante milenios la capacidad de hacer lo que quieras en la superficie, pero nadie se a preocupado ni de lo que hubiera por encima o por debajo. Hasta que se descubrió el petróleo, sin hablar de los tesoros arqueológicos que puedes llegar a encontrar en algunas zonas cuando te vas a construir una casa; y ahora, el negocio espacial. Todo está relacionado y el espacio aéreo no deja de ser otro pilar más.

La ley internacional actual dice que el espacio aéreo que hay sobre una nación le pertenece a dicha nación, pero nadie determina la altura. Nadie ha determinado donde empieza y dónde acaba el espacio exterior que pertenece a toda la humanidad, si es que podemos decir que nos pertenece algo así. El vacío legal es brutal.

La ingeniería genética, la inteligencia artificial, los viajes comerciales al espacio, la explotación de recursos lunares, el control de enfermedades y el cambio climático, hacen más acusada la necesidad de establecer acuerdos mundiales que blinden tanto el espacio como cualquier entorno natural. La protección del planeta es la protección de la humanidad. Podemos y debemos seguir innovando para solucionar muchos de los retos que tenemos por delante, pero no a cualquier precio.

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