¿Cómo debemos plantear el turismo del futuro? - GenÉthico
¿CÓMO DEBEMOS PLANTEAR EL TURISMO DEL FUTURO?
¿CÓMO DEBEMOS PLANTEAR EL TURISMO DEL FUTURO?
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¿Cómo debemos plantear el turismo del futuro?

En Agosto de 2019, la OMT señalaba un incremento exponencial durante los últimos años en cuanto al número de turistas (un 4% respecto al año anterior, y un 9% respecto al 2017). Como señala Hosteltur, el turismo significa un 10,4% del PIB mundial y un 10% del empleo. En España, las cifras acompañan pues el sector turístico supone casi un 15% del PIB. Sin embargo, en los últimos meses, estas cifras se han visto afectadas por la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. El turismo se ha frenado en seco a nivel nacional y global. Entonces, ¿cómo será el turismo del futuro?

Situación actual y consecuencias

Nos encontramos con dos posiciones por parte de los países en este momento: aquellos en cuarentena que han cerrado por completo sus fronteras (90) y aquellos que no aceptan personas provenientes de ciertos orígenes por suponer un mayor riesgo de contagio del virus (40). Hablamos de 130 países de 195, un 67% del total. 

Una crisis, sea del tipo que sea (sanitaria, social, económica, medioambiental,…), supone una pérdida de millones de puesto de trabajo, de ingresos – además de muchas otras consecuencias negativas-, tanto a nivel local como global.

El problema reside en que, en la mayoría de las ocasiones, nos centramos en aquello que pasa cerca de nosotros pues supone un impacto directo e inmediato. Esta situación genera miedo e incertidumbre, principales motores que nos mueven a actuar. Actualmente estamos hablando de un virus que semi conocemos desde hace varios años, pero ¿qué pasará cuando lleguen enfermedades realmente nuevas, que no conozcamos lo más mínimo? ¿Cómo actuaremos entonces? ¿Podremos revivir una situación como la actual? ¿Cómo afectará a las personas? ¿Y el impacto económico?

Todo ello haciendo referencia a una pandemia, pero ¿y el cambio climático?. ¿Qué pasa si, España, cuyo mayor atractivo es su producto “sol y playa” empieza a sufrir cada vez más temporales que provocan destrozos en el paisaje? ¿Cómo afrontar el movimiento “flygskam” o “vergüenza de volar”? ¿Cómo satisfacer la demanda de las nuevas generaciones cuyo estilo de vida y valores están cada vez más alineados con los ODS?

Reflexionar sobre el presente y pensar en el futuro…

Aunque el incremento del turismo en los últimos años haya provocado consecuencias muy positivas como la creación de nuevos puestos de trabajo o el crecimiento económico, entre otras cosas, también supone un gran impacto negativo de cara a dicho sector y al futuro del planeta y de las nuevas generaciones. Un incremento del número de turistas implica una oferta de menor calidad, empeorar la calidad de vida de los residentes del destino, mayor contaminación, especulación inmobiliaria… 

Nos enfrentamos, por tanto, a una nueva forma de plantear las cosas. El turismo del futuro supone un nuevo escenario, un nuevo reto. Debemos comenzar a implementar la sostenibilidad en sus tres niveles dentro del sector turístico. No se trata de frenar el crecimiento sino de plantear una nueva visión y un nuevo modelo de actuación.

Ahora, dada la crisis, a fecha de Abril 2020, se estima que podemos recibir hasta un 56% menos de turistas. Poul Thomsen (FMI) señalaba que el turismo, siendo uno de los puntos más fuertes de España, en situaciones como la actual, supone “una vulnerabilidad”.  Según un estudio realizado por Deloitte (2020), se prevé que la recuperación del turismo se haga en dos fases. Primero, recuperación del turismo nacional a partir de agosto 2020 y, después, recuperación del turismo internacional a partir de finales de año. Además, debemos ser conscientes que, en su gran mayoría, las personas van a decantarse principalmente por vacaciones que supongan un contacto con la naturaleza y, por tanto, apostarán más por el turismo rural/local que ofrezca este tipo de actividades y generan esta sensación de paz y, de alguna forma, conexión aislada.

Las personas volverán a viajar, de hecho es de las primeras cosas que quieren hacer cuando finalice el confinamiento. Sin embargo, el miedo y la incertidumbre no desaparecerán cuando éste termine. Asimismo, hablamos de que, dada la crisis económica que se prevé – y ya se empieza a notar -, el viajero español ejercerá un mayor control de sus gastos. 

Por otro lado, cabe indicar que estamos hablando en todo momento de turismo de ocio. El turismo de reuniones por su parte se verá afectado de forma importante ya que se ha demostrado en estos días el buen funcionamiento del teletrabajo así como de las conferencias online. Las empresas, a nivel sanitario, no van a poner en riesgo a sus trabajadores, pero además esta nueva modalidad de conectar con su sector profesional puede suponer un gran ahorro económico. Respecto al turismo de grandes eventos (deportivos, musicales, de negocios…), nos enfrentamos a una época difícil. Las limitaciones gubernamentales (por seguridad sanitaria) en cuanto a agrupaciones de un gran número de personas en un espacio confinado obliga un replanteamiento del modelo de negocio.

Puntos clave

Al igual que hemos comentado en nuestros últimos artículos, necesitamos dar una vuelta a las cosas y plantear el turismo desde otra perspectiva. Si no reflexionamos y replanteamos el turismo del futuro nosotros mismos, la situación económica, sanitaria, social o medioambiental nos obligará a ello. 

¿Qué podemos hacer entonces? 

      • Fomentar el turismo local. Esto sólo puede traer beneficios a corto y largo plazo. No nos referimos a descartar por completo el conocer otros continentes, pero sí reducir esos viajes a favor de nuestra región. Es imposible que conozcas todos los lugares más recónditos de nuestro país o, incluso, de Europa. Tenemos paisajes espectaculares y ciudades repletas de vida y cultura a muchos menos kilómetros de los que pensamos, pero los obviamos por su cercanía… “Ya iré algún día, total lo tengo aquí al lado.”. Apostar por un turismo local significa ayudar a restaurar la economía saludable del país, promover la recuperación y creación de empleo, disminuir nuestra huella de carbono, etc.

     

      • A raíz de lo previo, fomentar el uso de otro tipo de transportes. Obviamente, no vamos a retroceder más de 100 años y olvidarnos del uso del avión, pero no necesitamos coger un avión cada semana. Los viajes de media distancia se pueden hacer en muchos otros sistemas de transporte: coche, bus, tren. Además, muchos de ellos ahora tienen la opción de no sólo ser menos contaminantes de por sí, sino que muchas compañías/marcas buscan nuevas formas de volverse “green” y, por tanto, respetuosos con el medio ambiente.

     

      • Promover actividades que dejen un legado positivo en el destino. Actividades que respeten a las personas y a la fauna y flora del destino. Estamos muy acostumbrados a llevar a cabo ciertas excursiones y actividades porque son la moda en el destino. Pero para tener un experiencia real del lugar, “hacer lo que hacen todos” por el mero hecho de que si no “es como si no hubiese estado” realmente no aporta ningún tipo de valor. No necesitamos subirnos en los elefantes cuando vamos a Tailandia, podemos verlos en santuarios donde se les respeta de verdad y se puede conectar con ellos de forma no invasiva. Por favor, reflexionemos y busquemos actividades que generen valor positivo. 

     

      • Incentivar a los destinos para que fomenten el turismo nacional. En muchas ocasiones los destinos se centran en el perfil internacional, pero quizás está sea la oportunidad perfecta para rediseñar sus argumentos de venta para enfocarse en el perfil de visitante nacional. Además, los destinos deben apostar por impulsar el comercio local, generar empleo de calidad y aportar a la economía logrando atraer un turismo responsable. Y, por supuesto, seguir promoviendo estas acciones cuando amplíen su objetivo a un perfil internacional.

     

      • Educar al visitante desde que empieza la planificación de su viaje. COMUNICAR E INFORMAR ya sea online a través de las búsquedas que realiza en plataformas de reserva de alojamiento y transporte, o desde las agencias de viajes. Mostrar que existen otras formas de hacer las cosas y viajar de forma responsable y que ello no conlleva gastar más dinero. 

     

      • Evaluar, evaluar y evaluar. La recogida de datos reales y constantes de los perfiles de los visitantes, sus gustos, el número de pernoctaciones, la duración media,… son datos clave para entender los perfiles actuales y los que van surgiendo y, así, adaptarnos a la demanda real. Además de recaudar estos datos, resulta imperativo evaluar el grado de implicación y de cumplimiento de los ODS por parte de todos los actores del turismo. Lo ideal sería apostar por una serie de sellos en función del nivel de cada actor y según los logros. De esta forma, evitaríamos el intrusismo y se incentivaría a todos los implicados.
      • Crear sinergias. Fomentar la colaboración entre los distintos actores del turismo (empresas locales, Convention Bureaux, entidades gubernamentales) favorece el desarrollo sostenible del turismo y un mejor posicionamiento del destino.

 

En definitiva…

Las cosas se pueden hacer de otra forma. Hay que pensar que un turismo responsable no sólo significa cuidar del medioambiente, significa cuidar de nosotros mismos y de las generaciones futuras. Se trata de pensar en la pluralidad de la población, en la economía, en los animales, en los paisajes… ¿A cuántos de nosotros nos gustaría disfrutar ahora de viajar por ciudades menos aglomeradas y sin contaminación, playas limpias, etc? Tenemos que pensar en el turismo del futuro como una inversión en calidad a muchos niveles. 

Como mencionaba el informe realizado por el Gobierno de España, no debemos ver la sostenibilidad como un valor añadido sino como un requisito ya que “sin sostenibilidad no habrá turismo en el futuro”. Estamos en un punto en el que debemos actuar con rapidez y, a la par, establecer estrategias que resulten flexibles para poder adaptarnos a un cambio que es constante e inmediato. Debemos dejar de lado la resistencia al cambio y apostar por la sostenibilidad porque sí se puede tener un modelo de negocio sostenible y rentable.

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