Vertederos, entendiendo nuestra basura - GenÉthico
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Vertederos, entendiendo nuestra basura

Muchos países no aportan información, otros la tienen obsoleta y la mayoría miente. Si hablamos de España, el último informe global de INE sobre la gestión de residuos se realizó en 2016. Además debemos ser conscientes de que gran parte de los datos sobre reciclaje los aporta ECOEMBES, la cual siempre ha estado sumergida en las cifras infladas en cuanto al reciclaje real que se lleva a cabo en España. ¿Cómo es posible? ¿Cómo podemos adecuar las estrategias para resolver uno de los mayores problemas actuales si no tenemos los datos?

Suspendemos globalmente tanto en la medición como en la gestión de residuos, pero sobre todo, en la prevención de los mismos.

Según los últimos datos, mundialmente se producen 2.100 millones de toneladas de desechos de los cuales tan solo reciclamos un 16%. En España, el último informe del INE de 2016 apuntó que generamos 21,9 millones de toneladas de residuos urbanos, de los cuales el 82,6% estaban mezclados, quedando solo un 17,4% de basura separada. Si apuntamos a información parcial  más actual generada por el propio Instituto Nacional de Estadística vemos que en España un 82,6% de los residuos no se reciclan.

Entendiendo nuestra basura

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que estas cifras hablan de residuos urbanos y normalmente no contemplan otro tipo de residuos propios de las diferentes industrias, además de los residuos tecnológicos o textiles, de los que ya hemos hablado en otros artículos. No obstante, debemos entender nuestra basura.

Podemos clasificar los residuos domésticos de una forma aproximada ya que cada país, ciudad, población, tiene características específicas.

  • Bioresiduos: son residuos orgánicos biodegradables de origen vegetal y/o animal.
  • Papel y Cartón: elementos creados a partir de celulosa virgen obtenida de especies vegetales o recuperada a partir de cartón o papel usado.
  • Envases ligeros: latas, brics, botellas plástico u otros envases mixtos de bajo peso.
  • Vidrio.
  • Aparatos electrónicos.
  • Pilas.
  • Medicamentos.
  • Textil y calzado.
  • Aceite de Cocina: aceite usado tras frituras bien de girasol, oliva, etc.
  • Otros: el resto de materiales desperdiciados como maquinillas, pañales, cenizas, platos, tazas, colillas, preservativos, vendas, tiritas…

Como dato escalofriante, uno de los últimos artículos de la BBC apunta que mundialmente tiramos a la basura 62.500 millones de dólares sólo en aparatos electrónicos.

¿Quién genera la basura y quién se la queda?

Todos, nos diréis. Sí, efectivamente todos generamos desperdicios, pero la basura también tiene componente de clase. En este caso los países enriquecidos, para variar, generan muchísimas más toneladas de basura que los países empobrecidos. A los cuales, por cierto, después de sacarles sus materias primas tan valiosas para nuestros componentes electrónicos, el combustible de nuestro coches y explotar su mano de obra para poder comprarnos una camiseta por 5€; todavía tenemos la decencia de venderles nuestra basura. Por supuesto, legalmente solo aparece un porcentaje, todo lo demás irá en nuestra “olorosa caja B”. Esta última, supuestamente, nos ayudará a mejorar los datos de nuestro informe sobre gestión de residuos.

Los resultados de un estudio británico así lo avalan. Canadá, Países Bajos y EEUU con los mayores generadores de desperdicios. Sin embargo, claramente EEUU es el país que más desperdicios genera de todos con el 12% de todos los desechos mundiales, aunque sólo suponga el 4% de la población mundial.

China e India componen un tercio de la población mundial y juntos generan el 27% de los residuos, lo que deja a cada estadounidense en una posición muy incómoda generando 3 veces más de basura que una persona que vive en China o en la India y 7 veces más que un habitante de Etiopía.

Ya sabemos quién o quiénes generan principalmente la basura, y por supuesto, nos podemos hacer una idea de qué países acogen nuestros desechos. Algunos de ellos, como China, ya empezaron a establecer reticencias y a rechazar los cargamentos masivos de basura.

Si hablamos de plástico, Malasia se ha convertido en uno de los mayores vertederos e importadores. 17.000 toneladas de plástico llegaron a la ciudad de Jemjarom con tan solo 10.000 habitantes.

Aparecieron fábricas de reciclaje y muchas otras clandestinas que se limitaban a quemar los plásticos produciendo gases que todos los habitantes respiraban y los envenenaban lentamente. Pudieron cerrar y retirar muchos de esos residuos, pero aún quedan miles de toneladas al aire libre en un vertedero.

Sabemos que las cifras pueden apabullar, pero pensemos que la Torre Eiffel pesa 9.162 toneladas y fueron 17.000 toneladas de basura provenientes de países como Reino Unido y EEUU las que llegaron al pequeño pueblo de Malasia.

Hay procesos de reciclaje más adecuados que otros, pero que la mayoría tienen muchísimo potencial de mejora. Tengamos en cuenta que una vez reciclada la ínfima parte del total de la basura mundial, lo demás llega a un vertedero donde se incinera o simplemente queda a la intemperie.

Vertederos

En la actualidad, los 50 vertederos más grandes del mundo afectan directamente a la vida diaria de 65 millones de personas. Además, el 40% del total de toda la basura del mundo está en vertederos.

Además de perjudicar a las personas directamente, también perjudican al medio ambiente del cual dependemos nosotros y las demás especies. Desde los vertederos se generan emisiones que producen metano y dióxido de carbono, contaminando acuíferos, ya que la impermeabilización termina rompiéndose, y alterando el ecosistema, ya que afecta a la alimentación de la fauna y las migraciones.

¿Qué alternativas existen?

Podríamos optar por soluciones como las plantas Waste to Energy. Son un tipo de plantas donde llegan los residuos de difícil reciclaje descartados de otras plantas. Suelen aplicar un tratamiento térmico que emite emisiones mínimas utilizando sistemas de reducción no catalítica selectiva inyectando urea para minimizar la emisión de óxido de nitrógeno. Además tiene un sistema extra de limpieza de emisiones para reducir las sustancias contaminantes. Con el calor generado se produce vapor, el cual mueve una turbina para generar electricidad. Asimismo, los desechos de este proceso se utilizan para la fabricación de otros materiales reciclados.

¿Son la solución definitiva?

Por supuesto que estas plantas no son la solución final, sino parte de ella. Los elementos y materiales del futuro tienen que tener una trazabilidad cuidada al detalle y un desperdicio y emisiones prácticamente nulos siendo así eternamente reutilizables.

Y, por supuesto, queremos aclarar que la solución principal, necesaria y tremendamente urgente, es la drástica reducción de nuestros desperdicios. Algunas ideas y conceptos que nos parecen claves para abordar este tema son:

  • Eliminar elementos de un solo uso.
  • Eliminar la idea de que los materiales biodegradables son, por defecto, mejores que otros y que, por tanto, justifican un elemento de un solo uso. ¿Qué nos hace pensar que producir patatas para crear un envase que nos permitirá llevar 3 plátanos a casa y tirarlo en el cubo de orgánico lo hace más sostenible que una bolsa de plástico? ¿Y si las patatas que producimos sirven como alimento para la población?
  • Formación e información para hacer frente a los ecoengaños. El papel NO es más ecológico que el plástico. Si quieres saber más, hablamos de ello en otro de nuestros artículos . Todo depende de para qué se necesite y, sobre todo, cuánto va a durar ese producto.
  • Instalar la idea de elementos reutilizables es la clave.

La Unión Europea ha lanzado sus objetivos más ambiciosos hasta la fecha, reciclar al menos el 55% de los residuos municipales en 2025. En el 2030 aumenta hasta el 60% y al 65% en 2035. Tiene especial trascendencia la gestión de los envases: se pretende reciclar el 65% de los mismos en 2025 y el 70% para el 2030.

No obstante sabemos que esto queda muy lejos de lo realmente necesario. La famosa pirámide de residuos así lo indica. La primera acción, la prevención.

Pensar a largo plazo siempre será la mayor acción de sostenibilidad.

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